“Te esperaré en el límite del bien y del mal”

Hemos decidido separar el problema catalán en dos entregas. La primera es la lectura oficial; que ocurre, y que va a ocurrir a ojos de todos, así como las posibles soluciones. Mañana tendremos la segunda, donde la ficción (o no) explicará lo que ha sucedido.

La lectura oficial

Las fronteras suelen separar no sólo territorios geográficos; también culturas, estatus económicos, planos mentales y singularidades. Y sucede que cuando intentamos traspasar esas fronteras, o simplemente crearlas de forma artificial, parece que hayan cambiado o vayan a cambiar cosas que en realidad conducen a la más absoluta sinrazón. Y no es la primera ni la última vez que esto ha sucedido.

Lo que pasa en Cataluña, y por tanto en toda España, es simplemente un enroque político de una panda de irresponsables de ambos bandos, que se amparan en leyes supraindividuales para justificar el callejón sin salida al que nos llevan a todos. Una irresponsabilidad propia del ‘aurea mediocritas’  que es la política de trincheras de este país.

Se olvidan, tanto ellos como todos los demócratas de nuevo cuño que han aparecido o se han quedado por el camino, de que no hay ley sin democracia, libertad sin leyes, y sobre todo, que la democracia es acatar la ley que hayamos decidido todos a través del camposanto de la Constitución, que recordemos emana del pueblo. Salvo que se demuestre lo contrario, nuestros representantes hacen con la Constitución lo mismo que con los votantes; utilizarlos a su conveniencia.

Mientras no se resuelva democráticamente (votando) el tumulto secesionista en el que nos han metido los bienaventurados, que no sigan teniendo la desvergüenza de decir cosas como: “la legitimidad que nos dan las urnas”, “el mandato de una mayoría social”, “debemos defender el contrato social que nos hemos dado todos los españoles”, o “esta es la voluntad de la mayoría”.

No es posible dirimir las cuestiones importantes de un país si sus ciudadanos no toman parte activa mediante plebiscito. En caso contrario corremos el riesgo de fractura constante, pues dejamos que los políticos se enfrenten y nos enfrenten en aras de la representatividad.

La prensa hace por enfrentar porque de ello saca tajada, y tanto este sector como el político pretenden castigar lo que ellos llaman “equidistancia”, porque parece ser, que el fanatismo considera que hay que estar en un bando para ser un ciudadano respetado y con conciencia. La búsqueda de vías alternativas no interesa, pues socava los intereses de quienes crean el problema y además no son parte de la solución.

Entonces vemos cruces de acusaciones constantes, juegos perversos de una parte e ilegales desde la otra, y masas sociales que se han ido generando y radicalizando y que acaban por enfrentarse sin saber muy bien por que ni para que.

La heroicidad y contumacia de Junts pel Sí y la CUP es preocupante y no tiene parangón. Han tomado una deriva secesionista gravemente lesiva, que el 1-O va a traer heridos, detenidos y una amplitud de conflicto jamás vista en España. Y el mayor damnificado va a ser el PDeCat -anteriormente conocido como CDC y CiU- que va a caer en el ostracismo. Y todo por empeñarse en llegar hasta algo indefinido por salvar las espaldas de algunos, pisoteándolo todo a su paso.

Desde el PP funciona la táctica ‘marianista’. No hacemos nada y llegado el caso, seremos los salvadores en el resto de España, y los villanos en Cataluña. Lo que sea por salvar la patria y nuestro propio beneficio, los números nos amparan.

De reformas ni hablar, que la democracia somos nosotros, que para eso hemos ganado las elecciones. Da igual que hayamos avivado el conflicto años atrás, y pobre del que se plantee cuestionar la unidad del Estado, pues es un golpista que recuerda a otros países, según cual nos interese claro. Haremos lo que haga falta para que todo siga igual, pues esa es la verdadera democracia. Y vaya si lo están haciendo. Sentido de Estado lo llaman.

Cataluña es España y todos estamos orgullosos de que lo sea, por mucho que quieran hacernos creer lo contrario. Lo que no es España ni Cataluña son los actores que nos han llevado a esta situación, y que tienen nombres y apellidos. Pero a la gente hay que dejarla expresarse dentro de los cauces democráticos -y por tanto legales- y no utilizar estos cauces para impedir su participación.

Y lo que sucede es que hay miedo desde ambos bandos a una solución que empodere a la población, porque se les acabaría el chollo electoral a todos. Es bien sabido que es difícil que veamos algún día una independencia de Cataluña porque casi nadie la quiere realmente, sin embargo lo que quiere una gran mayoría de catalanes y españoles es poder ver como sus representantes les dejan expresarse en las urnas. Y hay instrumentos legales que se pueden activar para permitir eso, sin menoscabar la imagen de nadie.

 

La solución a este pseudo-conflicto que ha alcanzado proporciones de estupidez supina pasa por negociar. Y se ha hablado en varias ocasiones entre los distintos gobiernos catalanes y españoles, pero el éxito decidió aplazarse.

Los catalanes deben poder votar que quieren en el futuro, porque es evidente la fractura y es evidente que hay instrumentos legales para ello. Un referéndum pactado y con garantías, que se haga vinculante al resto de España después, y que sea refrendado por el Congreso. Para ello se debe reformar la Constitución en aquellos elementos que sean necesarios, y después veremos el resultado. Pero nunca de forma unilateral.

Lo decimos con el convencimiento de que hay más catalanes que quieren permanecer en España, y de que a partir de ahí se podrá encontrar el encaje adecuado para todos. Antes de que seamos la vergüenza del mundo entero -si no lo somos ya- y de sentar precedentes peligrosos.

Pongámonos a la vanguardia de las democracias mundiales, para así poder construir el país que queremos entre todos. Aunque con los gobernantes actuales no va a poder ser. A partir del 1-O nadie sabe que pasará, pero casi todos coinciden. Veremos a Junqueras  como próximo presidente de la Generalitat y sin ninguna solución aparente.

Entonces llegaremos a otra frontera. Y probablemente no será la última, porque esos trenes que han chocado tendrán continuidad hasta la próxima estación. Sea cual sea esta.

Mañana volvemos con la segunda entrega.

 

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