La semana pasada analizábamos el origen de los movimientos hegemónicos instaurados hoy día en el seno de la UE con respecto a como se ha combatido la crisis y las pautas para salir de ella. Hoy, en Cuarta Revolución, analizamos el contexto económico europeo y la aplicación de esas medidas en España y Alemania, sin analizar ni las repercusiones ni las consecuencias que podían acarrearnos.

¿Se puede aplicar una única solución a un problema con distintas magnitudes?

Como el ciclista que levanta los brazos porque cree que ha llegado el primero a la meta, sin saber que se había equivocado de camino, o sin analizar la información que le llega de la organización. Así de triunfal se ha venido mostrando nuestro Gobierno y sus acólitos en los últimos años. Y así lo ha hecho saber el pregonero europeo y varias instituciones internacionales, que todavía hoy siguen pidiendo más combustible para la locomotora europea. Y eso que somos el ejemplo a seguir.

Pero lo cierto es que solo somos un vagón más en el tren que con lentitud y letanía se mueve alrededor de Europa con el rumbo marcado, pero sin tener claro cuando y como vamos a poder circular a toda velocidad.

A través de un BCE cuya sucursal principal es el Bundesbank alemán, huelga decir que las políticas monetarias que tiene encomendadas dicha institución se cumplen a rajatabla, y en ese sentido es encomiable su labor: controlar la estabilidad de precios de la eurozona, evitando que la inflación y los tipos de interés superen los umbrales marcados. Y precisamente en ese entorno, es donde Alemania se ha movido siempre como pez en el agua, pues ello le ha permitido mantener su posición de liderazgo con un modelo que dista en ciertos aspectos de ser lo que los medios nos cuentan.

Si los precios se mantienen en niveles relativamente altos, así como los tipos de interés y la inflación, las economías que lideran el movimiento exportador salen beneficiadas, pues pueden financiar sus proyectos inversores a tasas más bajas que el resto de países, que son meros colaboradores del sistema y que necesitan endeudarse para sostener su crecimiento y comprarle a Alemania sus productos. De ahí que en los últimos años le esté costando al país germano volver a tasas de crecimiento reseñables, dada la política de tipos cercanos a cero del BCE.

De esta forma quien cuenta con un superávit comercial como los alemanes, puede utilizar la prima de riesgo como escudo para aplicar sus recetas, y mantener la estabilidad europea para seguir liderando el proyecto conjunto, al mismo tiempo que se obtiene una rentabilidad financiera que nadie advirtió que pudiese conducir a la creación de burbujas, y que terminó en la crisis que hoy todos sobradamente conocemos.

Sin embargo, al intentar salir de la misma, se obvio un pequeño detalle de suma importancia: la asimetría del euro, las diferencias de modelo productivo entre países y las singularidades de cada Estado miembro a la hora de embarcarse en ciertas reformas de calado. Como si todos los pacientes fuesen iguales, no se tuvo en cuenta las circunstancias particulares y el momento en el que estaba cada país para aplicar el tratamiento facultativo adecuado. Resulta y resultaba evidente, que lo que valía para uno no valía para el resto. Y en este punto nadie cuestiona la validez de los objetivos planteados.

Tras unos breves apuntes de como funciona la economía europea, podemos establecer paralelismos entre España y Alemania, incidiendo en las diferencias que ambos países muestran de forma estructural, y desmitificando aspectos que no coinciden con la realidad. No olvidemos que la OCDE ya advirtió en su día a España y a Alemania por ser de los países donde más crecían pobreza y desigualdad.

Mitos y errores de ayer, hoy y mañana

En los últimos años se han venido repitiendo ciertos mantras que han distorsionado el verdadero trasfondo de la aplicación de las reformas y las políticas de austeridad en el seno de la Unión Europea. Volvemos a recordar de nuevo que todas ellas tuvieron como punto de partida el modelo alemán. A continuación señalamos cuatro mitos que se han creado a partir de dicho modelo, cual ha sido su desarrollo real y que se ha hecho en España en relación a ellos.

Primer mito: “el modelo alemán no protege al trabajador”

En primer lugar, Alemania no ha deslocalizado su producción, si bien si ha reorientado rápidamente la misma a otros mercados -como Asia-Pacífico- para sortear el estancamiento europeo y seguir vendiendo sus productos y manteniendo sus exportaciones.

Y eso ha sucedido precisamente porque unos sindicatos fuertes no permitieron flexibilidad externa o ajustes vía despidos, sino que se recalcularon horas de trabajo y se realizaron reducciones temporales de empleo sin despedir trabajadores (kurzarbeit), salvando de esta forma 3 millones de empleos.

Hubo reducción salarial, creación de minijobs y aumento de los costes laborales, pero no bajó la productividad ni bajaron los indicadores de forma brusca. Y ello sucedió también en parte porque el Estado asumió subvenciones a la formación continua y reciclaje profesional, y pagó el 60% de las horas no trabajadas como consecuencia de las reducciones temporales de jornada.

Sin embargo, en España, se han producido cierres de fábricas y despidos masivos para llevar la producción a otros lugares, se han perdido millones de horas de trabajo cada año, se ha ajustado vía salarios, y encima hemos perdido multitud de trabajadores nuevos cualificados y no se ha reciclado a los existentes, con un funcionamiento nulo del Sistema Nacional de Empleo, y con muy poca voluntad negociadora.

Además, hasta 2017, se ha reducido el presupuesto para políticas activas de empleo y los subsidios por desempleo, y se subió la carga fiscal en lugar de bajarla. En lugar de haber asumido el Estado parte de las reducciones temporales de empleo para resistir mejor la crisis y que el PIB no se hundiese de forma calamitosa, se siguió apostando por la devaluación y el inmovilismo.

Segundo mito: “Alemania es una economía de mercado liberalizada y poco endeudada”

Falso. Alemania sigue manteniendo un sector industrial muy fuerte y sobre el que gira el sector servicios, al revés que en España, donde el sector servicios (que incluye hostelería y turismo) es el motor productivo, germen de trabajo precario, temporal y del globo sonda del crecimiento del que se enorgullece el Gobierno.

La economía de mercado alemana está densamente regulada, con sindicatos fuertes, altos costes salariales y altos impuestos. Se invierte mucho en políticas de empleo, en subsidios a familias con pocos recursos, y posee una deuda per cápita mayor que España, además de un mayor gasto público en porcentaje del PIB. Con todo ello hay mayor porcentaje de trabajadores y de familias pobres que en nuestro país, debido a la proliferación de minijobs que maquillan las cifras de paro -que no cotizan a la Seguridad Social-. También se ha producido un aumento de la desigualdad debido a la merma en las pensiones y los recortes de gasto público, aunque no llega a niveles de España.

Tercer mito: “Alemania exporta productos de alto valor añadido”

Otra de las mentiras piadosas propagadas. Alemania es una economía de intensidad tecnológica media, no se invierte tanto en I+D+i como pueden invertir Dinamarca, Estonia o Corea del Sur.

Alemania ha mantenido su fortaleza en sectores como el de la automoción, maquinaria industrial, química, electrotecnia, medicina o medio ambiente, por citar algunos. Exporta mucho producto industrial de gran calidad, pero no es líder en tecnología o innovación. Se podría decir que esta un escalón por encima de España y uno por debajo de Estados Unidos.

Mientras tanto, en nuestro querido país, no se aprovechó la bonanza para invertir en productividad y competitividad, y al llegar la recesión la bofetada a nuestro modelo productivo fue mayúscula. Y aún a día de hoy se siguen repitiendo los mismos errores del pasado, sin apostar por un tejido productivo ligado a la innovación, a las energías renovables, a las startups o al desarrollo de pymes exportadoras.

Cuarto mito: “las leyes Hartz ayudaron a Alemania a resistir la crisis y son el modelo a imitar”.

Como resumen de todo lo aquí expuesto, finalizamos, como es lógico con defensores y detractores. Nosotros nos situamos en el segundo grupo, pues el milagro alemán no viene de las reformas Hartz, sino de unas fortalezas construidas desde el final de la Segunda Guerra Mundial, y que les ha permitido, a pesar de las adversidades, seguir liderando la Vieja Europa.

La difusión de la información hoy día no tiene filtros, por eso conviene plantearse hasta donde queremos llegar. Las apuestas realizadas por unos y otros, la contumacia y errores incomprensibles, la protección y justificación del gasto público o las posiciones y por tanto las recetas a seguir por parte de los países, van variando y nunca son una foto fija.

Hemos dado unas pequeñas pinceladas a un tema muy complejo y desgraciadamente de tremenda actualidad, pero en posteriores artículos analizaremos a fondo el caso español, dando nuestra opinión de cuales pueden ser las soluciones a largo plazo para los problemas estructurales de nuestro país.

 

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