¿Como pasar del espejismo al milagro, del mito y la leyenda a la situación actual? Es sencillo, muy sencillo: diciendo a quien queremos parecernos, pero solo mostrando una parte de esa realidad, dejando de lado la más importante, precisamente la que no te cuentan por miedo a socavar un discurso y sobre todo, una tendencia.

En este serial, vamos a definir en un primer artículo qué modelo impera en Europa en la actualidad, su génesis, además de enumerar y explicar sus implicaciones. Más adelante, habrá una segunda entrega de esta serie, donde explicaremos los mitos de este modelo y compararemos a Alemania con su alumno más aventajado, que no es otro que España.

Nos situamos tras la caída del Muro de Berlín y la reunificación alemana. El fin del telón de acero y de la Guerra Fría traen consigo el acercamiento de dos mundos. Pero sólo en sentido figurado, pues aún hoy día no ha llegado la ansiada convergencia entre el Este y el Oeste alemán, aunque es cierto que se ha avanzado mucho, pues hay un fuerte trabajo de cohesión y un gran sentimiento de Estado en el país teutón.

¿Por qué nos hemos situado en ese punto? Porque durante los años 90 se produjo un fuerte proceso de privatizaciones, cierres y compras de empresas públicas en Alemania del Este, que subió la tasa de desempleo en dicha zona del país hasta el 30%. De nada sirvió el programa de subvenciones y gasto social para hacer converger ambas zonas que se implementó. Apestado de corrupción, mal uso público del dinero, y de votos y silencio comprados, no sólo no ayudó, sino que minó el crecimiento durante esa década. Quizás les suene de algo este escenario, pero los tambores van a sonar más fuerte a partir de ahora.

De donde venimos: crisis económica y victoria del SPD

Corría el año 1998, y el hasta entonces presidente del gobierno alemán, que se sucedía en el cargo desde 1982, el democristiano Helmut Kohl (CDU), sufre una derrota en las elecciones al Bundestag a manos del nuevo candidato socialdemócrata del SPD, Gerard Schröder, que se hace de esta forma con la cancillería, y que iniciaría la denominada Neue Mitte, que no era otra cosa que la famosa ‘Tercera Vía‘ de la socialdemocracia.

La crisis económica que sufría el país, unida al coste económico y social de integrar a la RDA durante esa década, -entre otros factores- hacen caer al anterior gobierno conservador. Se suceden varios años de transición y búsqueda de soluciones para adaptar la economía alemana a la globalización, la competitividad empresarial, y los fuertes virajes de los mercados internacionales tras el 11-S.

Pero no fue hasta el año 2002, cuando, tras la victoria de los socialdemócratas en las elecciones legislativas, comienzan los cambios profundos en Alemania y se inicia un efecto dominó en toda la Unión Europea, que una década después llegaría a España. Concretamente, en el año 2003, el gobierno socialista -han leído bien, socialista- encarga a una serie de expertos la tarea de implementar un paquete de medidas que llevase aparejados los cambios económicos, sociales y laborales necesarios para salir de la situación de emergencia en la que se encontraba el motor de Europa en aquel momento.

La devaluación interna y la competitividad eran los caballos de batalla, y en ellos está el origen del actual orden europeo. Seguimos metiendo el bisturí, advirtiendo que aquí se abre la herida actual de la socialdemocracia europea y no en el año 2007 o en los últimos dos años, como nos quieren hacer ver los medios.

Una herida de la que se aprovechó en 2005 la CDU y la que sería la nueva canciller alemana y figura indiscutible de la política mundial, Angela Merkel. Digna sucesora de Kohl, vence en las elecciones federales y forjaría la denominada ‘Gran Coalición‘ con el SPD que perdura hasta nuestros días.

Solo tuvo que dejar crecer los árboles y subirse a la copa, pues ya tenía plantado el bosque y las montañas controladas. Y de aquellos polvos vienen estos lodos, pues ella solo hizo que seguir con lo establecido y atribuirse las medallas de su predecesor, que la han catapultado a una cuota de liderazgo europeo tan alta -aunque no es la única- que dichas políticas son la base actual de gran parte de la UE.

Su gran habilidad, seguridad, templanza y conocimiento al frente del gobierno alemán, harán que en las elecciones que se celebrarán en septiembre de este mismo año vaya a dejar de funcionar ese gran Acuerdo, pues creemos firmemente que va a poder gobernar con mayoría simple, vistas las encuestas y sus victorias en algunos Länder. Sobre esto hablaremos cuando se acerque esa fecha en Cuarta Revolución.

‘La Agenda 2010′ y las leyes Hartz

Si en España tuvimos héroes y un ‘milagro español’, en Alemania también tuvieron de todo eso. Del año 2002 al 2005 como epítome, pero la saga aún continua.

En el país teutón los artífices y supuestos héroes del milagro fueron el propio Schröder, y Peter Hartz, ex-jefe de recursos humanos de la multinacional Volkswagen, que fue la cabeza visible de los expertos que diseñaron las reformas, y que dio nombre a las leyes en las que se basó dicho modelo, las leyes Hartz, que obviamente contaron en aquel momento con el apoyo de la CDU. Sin entrar en detalles farragosos, vamos a intentar dar unas pinceladas de lo que supusieron las cuatro leyes Hartz, que se fueron introduciendo de forma sucesiva.

En suma, tuvieron las siguientes implicaciones: sustitución del trabajo cualificado por trabajo precario, estandarización del trabajo temporal y potenciación de las ETTs, combinado con la creación de agencias gubernamentales, job centers y minijobs (sin cotizaciones sociales), flexibilización de la jornada laboral y del despido, autoempleo subvencionado, congelación de las pensiones, subida de la edad de jubilación a los 67 años, reducción de subsidios de desempleo y fusión con otras ayudas, recortes de gasto público -en especial sanitario- y reducción del Impuesto sobre la Renta y sobre Sociedades.

En resumen, las leyes Hartz, son el germen de la precarización, temporalidad y flexibilidad del mercado laboral alemán, -y ahora del español- así como de la austeridad, los recortes sociales y la desigualdad que luego han pisado el pedal de freno europeo. Ojo a este estudio del Ministerio de Empleo, que nos permite dejar el terreno allanado para nuestra próxima entrega.

Si bien es cierto que unas pocas de las políticas aplicadas en su momento tuvieron el efecto deseado y fueron acertadas, no han constituido ni de largo la vacuna contra la enfermedad. Como ejemplos positivos se encuentran la integración laboral real de determinados colectivos, las sanciones a quien rechazase un empleo de forma injustificada, o la formación permanente de los desempleados.

Curiosamente estas últimas recetas no se han prescrito en el paciente español. Y es que en España, además de en corrupción, envidia, negacionismo e inmovilismo, también somos campeones mundiales en copiar sólo lo malo de los demás.

Larga vida al milagro hispano-alemán. Hasta la próxima entrega.

 

 

 

 

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