“Tout est soldat pour vous combattre,
S’ils tombent, nos jeunes héros,
La terre en produit de nouveaux
Contre vous tout prêts à se battre”.

Todos tenemos claro que hoy en Francia se decide que golpe de timón va a tomar la política europea, y que quien tome ese timón puede llevar la nave a la deriva, encallando incluso cerca de cualquier costa que antes ni hubiéramos imaginado. Y como es habitual en las quinielas que elaboran los medios de comunicación con sumo cuidado y detalle, solo hay dos casillas para marcar con la X: la del establishment o la del anti-stablishment.

Como es lógico, ningún medio va a tirar piedras contra su propio tejado, pues ellos ya son el establishment y no quieren dejar de serlo, por tanto les conviene el enfrentamiento siempre entre dos modelos antagónicos, aunque estos tengan zonas de convergencia que nos lleven a una evolución pautada pendiente de consagración. Y dirán que esa evolución es natural, como si lo natural siempre fuese estar conmigo o contra mí. Como si no fuese cierto que las batallas políticas son siempre intramuros, y que no se deja entrar a quien amenaza el orden actual, salvo que interese de algún modo.

Cada elección que se sucede en cada país, es hoy día un campo de batalla donde se traza una línea imaginaria y se pone el cronómetro a cero, para a continuación poner el foco en como articular ese enfrentamiento y asignar roles sin más sentido que el de polarizar la arena política como en los circos romanos. Vivimos en una campaña constante del pulgar arriba o abajo, dejando por el medio cualquier tono grisáceo que ayude a condicionar y no a comprender a los ciudadanos, inmersos en una retahíla de problemas que les enfrentan y en los que encuentran acogida a través de los chamanes de nuevo cuño que les prometen la Atlántida.

Y en esto llegamos a la sociedad que está sufriendo con mayor virulencia las sacudidas del terrorismo y del caos político en los últimos años. La cuna de la República, y la cuna moderna de las libertades, la justicia social y la conquista ciudadana. Sin embargo lo que ahora está en juego en Francia es la V República y el statu quo europeo, más allá de las presidenciales que celebran hoy su primera vuelta.

A este escenario llegan principalmente seis contendientes, de los cuales cuatro están llamados a luchar por el paso a la segunda vuelta según los sondeos. Mención especial merece la caída estrepitosa del PSF, en consonancia con el resto de la socialdemocracia europea, y a pesar de que un político como Benoit Hamon, que ha dado la sorpresa en las primarias derrotando a Valls se erige como la alternativa socialista al anterior establishment. Poco cancha se les ha dado al resto de candidatos: Nathalie Arthaud, de Lucha Obrera, François Asselineau, de Union Populaire Républicaine, Jacques Cheminade, de Solidaridad y Progreso, Nicolas Dupont-Aignan, de Debout La France, Jean Lassalle, de Resistamos, y Philippe Poutou, de Nuevo Partido Anticapitalista, completan las candidaturas. Y ya hemos hablado anteriormente del porque.

Así pues, tenemos un cuarteto de cuerda que bien podría montar una orquesta. Quizás ninguno pueda desenmarañar el tremendo problema al que se va a enfrentar; de hecho alguno de ellos sin duda va a crear más. No es este un post para hacer análisis demoscópicos, para describir a cada candidato, ni para condicionar ninguna opinión. Se tiene de todos suficiente información, sin entrar a valorar la calidad de la misma.

Vaya por delante que creemos que tanto Macron como Le Pen pasarán a segunda vuelta, y ahí se impondrá el candidato liberal. Y vaya también por delante cual sería nuestra preferencia para próximo presidente de la República, que preferimos que sea explicado por él mismo. Creemos que las estrellas se han ido alejando de este planeta, y que es cada vez más difícil evocarlas. Porque se han llevado los sentimientos y nos los han devuelto con un embalaje lleno de palabras huecas y de mentiras indelebles, que sin embargo han generado un efecto placebo demasiado tóxico en el corto plazo.

Aún no hemos pensado como recuperar los políticos con carisma, pero sobre todo no hemos pensado en como entregar la política de forma palpable a la sociedad, y en como recuperar la participación ciudadana para que no se nos escape como arena entre los dedos. Claro que para ello primero hay que coger estos atributos, y después cerrar el puño. Es por ello que debemos recuperar las estrellas: las de la política, las de la ciudadanía, las de la Unión Europea, e incluso las de la bandera estadounidense. Puede que los franceses las recuperen en una VI República, y también puede que no las recuperen nunca. Pero lo que no puede suceder es que la oscuridad se haya llevado las estrellas para siempre, y da igual en que lugar del universo estemos mirando el firmamento.

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