Últimamente se ha puesto en el centro del debate -especialmente autonómico- el Impuesto Sobre Sucesiones y Donaciones (ISD) como elemento central del problema impositivo y recaudatorio que padecemos a nivel nacional. Y se ha hecho precisamente para desestabilizar la cohesión interterritorial y crear y/o acrecentar las capas sociales artificiales entre ciudadanos.

El ISD es un impuesto directo, personal y progresivo, cedido a las comunidades autónomas en el año 2009, que grava la adquisición por las personas físicas -según su grado de parentesco y patrimonio preexistente- de bienes y derechos por título sucesorio o por donación, además de la percepción de cantidades sobre seguros de vida, generalmente, cuando quien contrata es una persona distinta del beneficiario.

Cuando hablamos de herencia, resulta capital destacar la incidencia que esta puede tener en la desigualdad si lo que se hereda son privilegios que impiden la redistribución fiscal, al acentuarse las diferencias entre rentas, esfuerzo fiscal y laboral. Diferencias que podrían vulnerar en cierto modo los principios constitucionales de autonomía financiera e igualdad de todos los españoles en cualquier parte del territorio del Estado, y que provocan la fuga de capitales, la insolidaridad, y el desequilibrio demográfico, creando una carrera fiscal de obstáculos sin control antidoping.

La solución a la problemática planteada pasa por rediseñar el impuesto y homogeneizarlo a nivel estatal, para respetar los principios de capacidad económica, generalidad, igualdad, progresividad y no confiscatoriedad. En ningún caso debería pasar por la supresión total de este tributo o por la introducción de beneficios fiscales generalizados, desvinculados de la capacidad económica de los contribuyentes.

Si se sigue aplicando el marco normativo actual, estaremos haciendo que una persona nazca y se haga según su lugar procedencia, su residencia actual y/o su situación familiar. Y la defensa de este corolario por parte de algunos, adalides de la igualdad de oportunidades, se hace harto complicada, máxime cuando la cortina de humo que este tributo en concreto está provocando, esconde un parapeto aún más complejo e importante que siguen soportando siempre los mismos: los que menos tienen.

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