En este caso las 3Rs de la sostenibilidad nos han hecho virar, y nos han traído hacia otro de los campos profundos de opinión, estudio y reestructuración a los que nos vamos a enfrentar los seres humanos en las próximas décadas, y que conviene no sólo conceptualizar, sino también ir teniendo presente.

 

Hay quien pensará, y lo hará de acuerdo a criterios obstinados, decimonónicos y contumaces, que no puede haber máquina que supere a un humano en el desempeño de sus funciones. Pero también estarán los supporters del tabloide futurista, y los adeptos a las películas de ciencia ficción -Desafío Total, El Quinto Elemento, Dredd, etc.- del siglo XXII, que imaginaban ya en nuestros días, coches voladores o cruces de carreteras luminosas y edificios inteligentes. Mención aparte le otorgamos a Kubrick, que no sólo estaba por delante de su tiempo, sino del cronos en general.

 

Lo que cada vez más instituciones, empresas, países y ciudadanos se plantean y nos planteamos, es cómo vamos a afrontar de forma coral los cambios que ya están patentes, -los veamos o no- y la forma de los cambios que están por venir. En definitiva, como focalizar nuestras decisiones de futuro, pensando y repensando, teniendo clara cuál es la casilla de salida actual, pero no tan clara cuál es la línea de meta.

 

Hay múltiples estudios al respecto de la Cuarta Revolución Industrial, y muchos coinciden en señalar que estamos instalados en la falsa creencia de que algunas de las tareas repetitivas que hoy se desarrollan en ciertos puestos de trabajo van a ser sustituidas por robots en el futuro. Pero lo cierto es que ya están aquí, y han venido para quedarse.

 

Llegados a este punto debemos aclarar que un mismo puesto de trabajo comprende diferentes tareas, y que unas pueden ser automatizadas y otras no. Por tanto cuando hablamos de tareas no nos referimos a puestos o sectores laborales concretos. Tareas como el cálculo, la limpieza, la reproducción de imágenes o vídeos, o las cuestiones burocráticas, ya han sido progresivamente desplazadas por la automatización.

 

Incluso tareas no consideradas como repetitivas o automáticas, están siendo ya reemplazadas y/o complementadas por máquinas en la actualidad. Entre las profesiones que incluyen tareas fácilmente automatizables, y que por tanto están en riesgo de automatización total se encuentran:
  1.  

    Operadores de telemarketing y administrativos
  2. transportistas y mensajeros, tanto de personas como de materiales
  3. contables y economistas
  4. operadores, instaladores y personal de mantenimiento

 

Todos ellos superan un riesgo de automatización del 40%, llegando a más del 90% en el caso de operadores de telemarketing y administrativos. A nivel mundial, es evidente que los países que menos hayan apostado por un modelo productivo diferente, y que no hayan reorientado sus economías a sectores de alto valor añadido como el tecnológico, químico o de energías renovables, sufrirán más las consecuencias de este proceso inexorable a la vez que lógico, mal que nos pese. Y ya sabemos cómo se las gasta nuestro querido país cuando se trata de realizar transiciones rápidas y necesarias, sobre todo cuando dichos cambios son pilares de nuestro desarrollo, y su ausencia se puede palpar de forma fehaciente: transición energética, abandono de sectores improductivos y apuesta por industrias de alto valor añadido, formación académica de sus ciudadanos, conciencia social, corrupción, apoyo al emprendedor, conciliación de vida laboral y familiar, y un largo etcétera.

 

Por ejemplo, según un estudio de McKinsey & Co, en un país a la vanguardia de los sectores mencionados anteriormente como es Estados Unidos, se estima que se podrían automatizar el 45% de las tareas actuales, lo cual nos da una idea de la dimensión de lo que venimos comentando. Pero aún hay más. En todos los rincones del planeta, y en España en particular, los empleos ligados a los salarios más bajos, y sobre todo los salarios medios, son los que más probabilidades tienen de ser automatizados. Es por tanto la cualificación una variable que no constituye un contrapeso de tanto calado como podríamos pensar. En base a este último dato, y según Caixabank Research se estima que se podrían automatizar en un tiempo muy corto a la vista el 43% de los puestos de trabajo en nuestro país.

 

Y es que los robots empiezan a ser programados con grandes bases de datos inherentes, con las que pueden experimentar, aprender, compartir y mejorar prestaciones, alcanzando tareas inimaginables hace unos años, y acercándose al funcionamiento de un ser humano de forma inminente.

 

Pero no nos asustemos, hay motivos para la esperanza. No sólo eso, podemos y debemos aprovechar esta Revolución para establecer las líneas maestras de un futuro mejor en convivencia con la automatización.

 

Los expertos coinciden en señalar que se ganará empleo en la programación y el big data de forma genérica, con orientación particular a la robotización. También que sobrevivirá todo aquello relacionado con la creatividad, el pensamiento, el arte o las Ciencias Sociales y Naturales, así como los entornos desordenados, la comunicación no verbal, la inteligencia emocional o la negociación.

 

La cuestión es cómo se van a distribuir las fuentes de riqueza, como se va a reremunerar, qué tipo de impuestos van a pagar las máquinas y los humanos, la creación de una renta básica universal o la calidad del empleo futuro, y por tanto nuestra calidad de vida. Pero eso es harina de otro costal, y es algo que trataremos en futuros artículos.
Anuncios